29 agosto 2016

Montaña rusa


No posteo desde hace siglos. Estoy inmerso en tantos proyectos que mis días, aún sentado sobre la piedra en un lugar lleno de mosquitos, son como si estuviera montado en una montaña rusa cargada de fuegos artificiales. Acaba el verano en Fukui. En España. En la luna. 

29 febrero 2016

Mordiscos, filosofía y risas.



Mañana lanzan mi segunda novela, Yo, Z.

La escribí después de Eo para desinhibirme y experimentar, como en una de esas novelas rápidas que los japoneses leen en el metro, al estilo Hiroshi Sakurazaka. Pero cuando acabé en el borrador me di cuenta de que había algo más.

La novela es para mi una alegoría sobre el fin de un mundo que se nos escapa. Trata sobre el heredero en el siglo XXI del Homo Sapiens, ese hombre que carece de Qualias, y al que wikipedia llama Zombi Filosófico. Hay mordiscos, y sangre, y caos, si. Pero en el fondo, es una cuenta pendiente que tengo con la cultura de masas, y aquello que llaman algunos, globalización.

Me inspiré en dos personajes que hoy día, están descatalogados. Que no forman parte de la vida social. Y en el páramo industrial de la Zona Franca de la Ciudad Condal, con sus edificios vacíos, los jóvenes que roban spray para pintar su firma en las paredes y  el deseo fútil de dejar huella en  un mundo que se descompone. Busco no el fin silencioso de lo que somos, si no una necesaria traca final que no está  desprovista de humor. Pues es la risa, aún siendo zombis, lo único que nos puede salvar.

31 diciembre 2015

¿Imposible?



En este año que se marcha aparqué guiones, cámaras,zapatos de rascapuertas y tomé la determinación de volver a mi yo original. Ese yo que perdí un día junto a la funda de platillos turcos marca Zidjian que me  robaron en un puerto del mediterráneo junto a un cuaderno de tapas duras: Mi primer manuscrito. Su desaparición supuso un golpe tan fuerte  que jamás escribí ni hablé sobre ello con nadie, nunca. Hasta hoy. 

Eo supuso volver a ese momento en que me encerraba a solas en el camarote, y a mis recuerdos primeros. Viví gran parte de mis  aventuras en solitario. Me subía a un árbol en el patio del colegio —una antigua masía catalana que ahora parece una aeropuerto—, y fantaseaba, pues hay pocas cosas que puedes hacer cuando estás escondido en la copa de un árbol.

 Si esas fantasías salían como Eo,del corazón,  la historia que se publicará creo que  a principios de año,  surgió de las tripas. Estoy evolucionando de una forma curiosa e impredecible. No sigo un patrón, y mi única pauta es escribir con sinceridad. Sin artificios. Ahora me encuentro inmerso en la gran aventura que comencé a abordar este verano, y que transcurre en el renacimiento. 

Adjunto en el post un vídeo que rodé con mi hijo mediano con la pequeña cámara de mano que ahora le pertenece. Lo pasamos muy bien buscando colinas, y me emocionó preparar el plano final, donde el niño danza con el elefante a la luz de una luna imposible. 


¿Imposible? Se me escapó esa palabreja, que espero no exista en vuestro diccionario. Por eso os deseo muchos bailes nocturnos, posibles e imposibles, y feliz año. 

12 diciembre 2015

Por qué

















Decía Shaw que uno ve cosas cosas y se pregunta: "¿Por qué?" Y que uno sueña cosas que nunca fueron y se dice: "¿Por qué no?" Así comienza la semilla de las historias, y como ocurre con todas las semillas, algunas de ellas llegan a crecer para ver la luz.

29 octubre 2015

Silencio subjetivo


Según la Enciclopedia,  un silencio subjetivo es aquel silencio utilizado con una intencionalidad dramática. Cuando es pausa reflexiva, acentúa, además de revalorizar los sonidos anteriores y posteriores. Es fundamento, añado, del proceso de escritura.

26 septiembre 2015

La marejada






















Inmerso en la novela, cuando abro los ojos, es como si no hubiera vuelto a España; y entre libélulas y grillos, bajo el calor húmedo olvido su lenta desintegración.

Japón forma parte de este sistema descompuesto, y sus políticos son tan corruptos como los de aquí,  pero su pueblo aún conserva anclas con su pasado tradicional, y eso le da una tremenda fuerza. Una de esas anclas, el Tsukimi una secular tradición que se transmitió al pueblo japonés desde que la nobleza empezara a celebrar banquetes cerca de ríos y estanques para poder admirar el reflejo de la luna, a la que dedicaban composiciones musicales y poesías como la del gran Basho:

meigetsu ya
kado ni sashikuru
shio-gashira

Luna de agosto.
Hasta el portón irrumpe
la marejada.