01 noviembre 2008

Castañas

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Acaba el otoño y salimos a pasear por un bosque de castaños que hay cerca de mi casa. Aún me sorprende el cambio de la vida aquí. Me detengo ocasionalmente para escuchar el silencio y olfateo el aire, sorprendido por su pureza. Huele a tierra, a musgo y a las hojas secas que cubren el suelo junto a frutos que parecen para alguien recien llegado de la urbe como yo, entes mágicos. Son frutos esféricos cubiertos de espinas doradas que apuntan en todas las direcciones y que ocultan en su interior el dulce tesoro con el que vamos a hacer esta tarde el típico dulce japonés que acompaña la amargura del te verde : La castaña.