22 diciembre 2010

Los bufones

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La primera obra mía que vi subida en internet era un largometraje documental que me costó tres años de trabajo. Tres años en los que comí cristales, clavos, muelles oxidados y me dejé el alma, atrapada como un mosquito en el parabrisas. Desde luego, no me hice rico. Ni siquiera cubrí los gastos, que pagué junto a un coproductor a base de realizar servicios audiovisuales consistentes en tragar más cristales, clavos y muelles oxidados. No fue como en mi primera película, que no estrené y con la que perdí casa y ahorros ganando más disgustos de los que puede digerir un humano normal.

Pero es que los creadores, con talento o sin talento, ricos o pobres, no somos seres humanos normales. De hecho, según se anuncia, no somos ni humanos.
Cualquiera tiene el derecho a obtener gratis y en segundos el fruto de años de nuestro trabajo. Por que sí.

Y es que ¿Que es la creación? Por ser concepto relativo igual que nuestra condición humana su valor es -entienden- igual a cero. Nadie somos. Bufones. Condenados a ser objeto de su capricho y mofa. A que usen nuestros versos como propios. A que se complazcan en su fuero interno de que aún careciendo de ingenio, puedan mirarnos desde arriba cuando en el suelo, a sus pies, disputamos las sobras de sus perros con agradecida abyección.

02 diciembre 2010

Nubes

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Cuando no tengo tiempo para detenerme a reflexionar en nada más que lo inmediato, las nubes alivian mi miopía en la pausa del café.