23 diciembre 2012

El sol invencible

Sol-2012-12-23-19-01.jpg

Nuestros primeros antepasados observaron que a partir del Solsticio de Verano el Sol parecía alejarse de la elíptica, hasta que en la noche del 22 de diciembre llegaba a su punto más bajo y parecía cansado y sin fuerzas para volver a elevarse. Sin embargo, después de tres noches, al concluir la del 25 de diciembre, el Sol resucitaba y reemprendía su curso triunfante que le llevaría, de nuevo, hasta el punto más alto en el Solsticio de Verano.

Cuando el Sol empieza a elevarse en Navidad, lo hace bajo la constelación de la Cruz del Sur; por eso los antiguos decían que después de estar tres días muerto en la Cruz, el Sol Invencible resucitaba y se alzaba nuevamente hacia el cielo. Un Dios muerto en la Cruz y resucitado al tercer día, ¿Os suena? Sea como sea que se cuente, refleja al Dios más antiguo que conocieron los seres humanos: el Sol.

13 noviembre 2012

La ley de Murpy y la Nouvelle Vague



Plan B es la historia de una pareja a la que le van mal las cosas y que debido a un golpe de la fortuna le irán peor.

 Plan B es experimental en cuanto a método de producción, pero clásica en su forma. Es un homenaje a algunas películas surgidas en la Nouvelle Vague que me impresionaron mucho cuando me dedicaba a dirigir no actores, si no una corporación de empresas y comenzaba a olvidar quien era yo.

 Se comenzó a rodar hace un año y después del consabido encierro en solitario que necesitan los cineastas sin dineros caídos del cielo ya está lista. Recuperaré el blog que lleva abandonado desde Mayo, que es cuando llevaron un largometraje documental que hice, a China. Explicaré en sucesivos posts como se hizo la película, y espero relatar el proceso de moverla por las procelosas aguas del cine independiente.

24 febrero 2012

Carta a una serie de inútiles

artistas-2012-02-24-09-52.jpg

Este escrito está dirigido a un grupo determinado, pero heterogéneo, de profesionales de la industria audiovisual. No son muchos, aunque se hacen notar. No representan a un sector, empresa u oficio concreto. Algunos son guionistas, otros actores, productores, técnicos, directivos… No tienen sindicato propio ni asociación profesional. No comparten denominación ni organigrama, aunque sí numerosas características personales y curriculares.

No son miembros exclusivos de esta industria, tampoco. Están por todas partes, se les encuentra en cualquier negocio y estructura laboral, pública o privada, nacional o internacional. Pero yo me dirijo a los nuestros, a los que refugian en el cine y la televisión de este país, porque son quienes nos afectan de manera más directa. Los que trabajamos en esto los conocemos y lidiamos a diario con sus desventuras y arrebatos.

Me dirijo a ustedes, por tanto, miembros de este particular conglomerado, con el honesto propósito de intentar ayudarles a encontrar un camino en estos difíciles momentos que vivimos. Porque, como ustedes ya habrán notado, se nos ha acabado el chollo. La crisis ha hendido esta industria como daga caliente que entra en el cuerpo blando del pecador. Se nos están agotando las alegrías y las fortunas, pero sobre todo, nos estamos quedando sin derroches, sin fastos y sin panderetas.
Ustedes saben a qué me refiero. Ustedes llegaron a esta industria porque habían oído rumores de vida fácil, pelotazos y cornucopias. Les habían dicho –y era verdad- que podías forrarte aunque fueras medio bobo, que podías medrar sin dar palo al agua. No era exactamente cierto, porque ustedes se lo han tenido que pelear. Y desde luego han demostrado sus talentos; uno tiene que tener cierto instinto natural para la corruptela y el pasillismo, para el trinque alegre, la fiesta perpetua, el escaqueo inapelable, la risa siempre calculada, para acertar con el momento justo, exactísimo, donde dejar caer la puñalada trapera al compañero de mesa.

Me dirijo a ustedes, soplapollas y genuflexientes inútiles de carrera, para aconsejarles que se vayan yendo. Porque esto ya no va a ser divertido. Ya no va a caer maná del cielo. Los vicios se los tendrá que costear uno, los viajes a todo trapo, las facturas del resort, las tarjetas de empresa infinitas… todo se noos acaba. El audiovisual, ya lo saben, es un sector especialmente puñetero, donde las ganancias nunca vienen aseguradas, mucho menos si no hay subvenciones de por medio y televisiones pagando de antemano. Y ya no se sabe si las va a haber o no. Es la puta locura. Nadie parece tener su puesto asegurado. Tampoco aquellos que, como ustedes, no conseguirán justificar por qué sus sueldos abultados son necesarios cuando, de hecho, ustedes no hacen absolutamente nada útil.

Aquí nos vamos a quedar castigados de rodillas los idiotas, los soñadores, raritos a los que nos gusta sentirnos creadores. Ya saben, sí, los artistas, los escritores, productores, directores que arriesgan su pasta para ver su sueño rodado. Nos vamos a comer el marrón los pringados que sufrimos de insomnio, que perdemos la vista día a día frente a una pantalla, esos frikis que inventan artilugios mecánicos porque no tienen una Dolly, quienes bucean en las cuentas para buscar soluciones creativas a los marrones económicos de un rodaje. Actores que se aprenden –y se estudian- sus personajes, que les buscan las mil vueltas, que se esfuerzan por vocalizar, por comprender y ser comprendidos; directores de fotografía que conocen las beldades de los avances tecnológicos y cómo éstos abaratan y agilizan los rodajes al tiempo que mejoran los resultados, vampirescos montadores de Mordor, scripts que salvan millones no dejando pasar una, ayudantes que rehacen planes de rodaje hasta que les sangran los dedos…

Nos quedamos los que amamos este oficio raro de contar historias. Nos gusta sufrir, sí. Somos tan estúpidos, tan gilipollas, que no nos metimos en esto para hartarnos de cocaína y follarnos meritorias o actrices de reparto. Tampoco para hacernos ricos. No queremos sentirnos poderosos ni gritar improperios a gente asustada, ni exigir tener la razón, ni hacernos fotos con ministros o actores mediáticos. No disfrutamos especialmente de las reuniones de trabajo en caros restaurantes; preferimos los restaurantes modestos compartidos con amigos, incluso trabajando. Somos pequeñitos, sosos, malvestidos, casi invisibles.

Somos tan tontos que nos gusta trabajar y que nos paguen por hacer algo productivo en lugar de por tocarnos los cojones y tocárselos a los demás. Y eso de trabajar, seamos honestos, a ustedes les resulta tedioso y poco emocionante, incluso un poco demodé y, por supuesto, humillante. Y lo de contar historias pues como que no les emociona especialmente, les daría igual dirigir una empresa de embutidos siempre que mantuvieran sus privilegios. Ustedes no entienden de giros de escaleta, ni de personajes, detonantes, tramas horizontales, raccords emocionales, clímax narrativos o premisas cómicas. Cuánta tontería e impostura hay en este oficio, ¿verdad? Ustedes sí que se dan cuenta de nuestra pose. ¿No es todo un poco rollo? ¿No tienen ganas de perdernos de vista?

Yo creo que si quieren seguir mangoneando es más práctico que pongan su horizonte en otra parte; puede que aún repartan puestos en determinados ámbitos políticos, ministerios, consejerías, subsecretarías. Ese tipo de cosas, yo de eso no entiendo. O tal vez en entidades bancarias; al fin y al cabo las fusiones y las aguas revueltas siempre traen oportunidades a los aventajados; corran rápido a ver si les queda algo, todavía podrán encontrarse buenas migajas por ahí.

Aún mejor, me atrevería incluso a recomendarles que se busquen la vida fuera del país. Si total aquí ya no queda nada que rascar y hay muy mal ambiente y le peña está toda quemada. Ustedes saben que se lo digo por su bien, yo qué voy a ganar con todo esto.

Entiendo que eso de cambiar les puede dar como mucha pereza y podrían decidir atrincherarse en sus puestos. La grandiosa técnica del koala. Y quizá aguantarían todavía un tiempo, sí. Pero ya no va a ser lo mismo de antes. Porque alguien, en algún momento, les va a sacar los colores, les va a empezar a exigir que den el callo, que demuestren algún tipo de talento, aunque sea mínimo, cualquier cosa que justifique su presencia en una industria cuya supervivencia depende, hoy más que nunca, de que las cosas se hagan bien, de obtener resultados, de ser rentables, eficaces, eficientes, puñeteramente talentosos. Encadenar fracasos ya no va a ser una carrera de éxito, aunque tengan en su haber másters y manuales que digan que sí.

Así que márchense, estimados inútiles. Váyanse lejos. Serán más felices, en serio. Háganse un favor a sí mismos y muevan el culo, déjennos a nosotros los tontos aquí solitos, sufriendo, esforzándonos, trabajando y rompiéndonos la crisma por sacar esta industria adelante intentando, sencillamente, entretener un poco y contar buenas historias a quien sea que las quiera escuchar.

07 febrero 2012

Actores

actores-2012-02-7-12-57.jpg

Los actores son de las personas mas dinamicas y llenas de valor sobre la faz de la Tierra. Tienen que lidiar con mas rechazos en un año que lo que la mayoria de las personas en toda su vida. Cada día se enfrentan al reto financiero de vivir con trabajos temporales, con la falta de respeto de la gente que cree que deben obtener trabajos "reales", y su propio miedo a no volver a trabajar nunca más. Cada día tienen que ignorar la posibilidad de que esa visión a la que han dedicado toda su vida es un sueño muy lejano. Con cada año que pasa, muchos de ellos miran mientras las demás personas de su edad obtienen los valores de una vida normal -el coche, la familia, la casa, el nido...-

Pero ellos se mantienen aferrados a su sueño sin importar los sacrificios. ¿Por qué? Porque los actores están dispuestos a dar su vida entera a un momento -a aquella linea, risa, gesto, o a aquella interpretación que le robe el alma al público. Los actores son seres que han probado el nectar de la vida en ese momento detenido en el tiempo, cuando entregaron su espíritu creativo y tocaron el corazón de alguien mas. En ese instante, estuvieron mas cerca de la magia, Dios y la perfección de lo que nadie jamás puede estar. Y en sus corazones saben que el dedicarse a ese momento vale mil vidas más."
~David Ackert

18 enero 2012



Hacer un guión, una canción, una novela o una película implica mucho trabajo y esfuerzo. Una vez consigues llegar a tu meta, te encuentras con un elemento con el que muchos no cuentan : el no.

¿Como reaccionar cuando te encuentras con un "no"?

Pues yo me digo que parte de la creación es encontrártelos. Hay muchos tipos de noes, así como de emisores de noes. Pero todos ellos son sencillamente los peldaños de una escalera que no está en el plano físico.